La Rosa que creció del asfalto

“Veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje las hieles o la miel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales, coseché siempre rosas” (Armando Nevo)

La historia que os voy a contar comienza un 4 de octubre de 1988, día que nace nuestro protagonista.

Nacido en el seno de una humilde y trabajadora familia  que sobrevivía en los suburbios de una gran ciudad, desde muy pequeño manifestó una gran admiración por el baloncesto, deporte muy popular en aquella urbe  por entonces. Pronto, su talento y habilidad para dicha disciplina, comenzaron a brillar con fulgurante luz en aquel oscuro suburbio. Su sueño, como el de tantos otros miles de niños, alcanzar la gran liga profesional de Baloncesto, y algún día, poder ganar el ansiado título con el equipo de su ciudad.

Ya en su adolescencia, nuestro joven protagonista empezó a destacar notablemente con el equipo de su instituto. Todo el mundo hablaba de él y varias universidades no tardaron en ofertarle que cursase sus estudios en ellas. Era tanto el interés y admiración que generaba en todo aquel que veía su explosiva y espectacular manera de jugar, que pronto comenzó a ver menos lejano aquel sueño de la infancia, aquel en el que colocaba a su equipo en la cima del mundo. Sus más allegados, viendo lo ilusionado que estaba con que aquel sueño se hiciese realidad, le hablaron sobre el último hombre que lidero aquel equipo y lo hicieron por su bien….Porque su sueño implicaba mucho esfuerzo, sacrificio y una entrega casi absoluta al baloncesto.

 

“No hay rosa sin espinas” (anónimo)

 

Foto: NY Daily News

 

Aquel misterioso hombre del que le hablaron, llego al equipo de manera fortuita…Cosas del azar o del destino, como ustedes quieran. En la ciudad no confiaban en que aquel hombre lograse llevar al equipo a lo más alto, pues no presentaba un gran físico ni una altura increíble para dominar a sus rivales, pero tenía algo que nadie más poseía, un odio tan atroz a la derrota que lo empujaba siempre a superarse una y otra vez en pos de la victoria. Pronto se ganó la confianza y la admiración, no solo de aquella ciudad, sino de todo el mundo. Durante años, dominó la liga a su antojo y ganó campeonato tras campeonato, hasta que un día decidió colgar las botas para siempre (o casi). La ciudad, como reconocimiento, construyó una enorme estatua en su honor delante del pabellón y su número descansaría eternamente en lo más alto de aquel techo.

Así terminaba esta historia. El número no era otro que el que ha sido el más importante para el mundo del baloncesto: el eterno 23…Y aquel misterioso hombre se llama Michael, Michael Jeffrey Jordan. La ciudad era ni más ni menos que Chicago y el equipo los Bulls. Pero, ¿quién era nuestro joven?, aunque a estas alturas supongo que ya lo sabréis, nuestro hombre no era otro que Derrick Martell Rose…Y a continuación descubriremos si consiguió cumplir su sueño en la mejor liga del mundo.

Durante sus años de High School  militó en la Simeon Career Academy, donde consiguió conquistar el campeonato estatal dos años consecutivos, ningún instituto de Illinois lo había conseguido hasta entonces. A lo largo de su trayectoria escolar, logró 120 victorias y tan solo 12 derrotas. El talento y liderazgo de Rose era cada vez más conocido por todo el país y ya se especulaba con su posible elección como número uno del Draft de la Nba. Al terminar el instituto decidió jugar con los “Tigers” de la Universidad de Memphis, con los que promedio 14,9 puntos, 4,7 asistencias y 4,5 rebotes por partido en su único año como universitario. Logró jugar la final four contra los “Jayhawks” de la Universidad de Kansas, donde cayeron derrotado tras un ajustado 78-75. En 2008 decidió declararse elegible para el Draft de la NBA. Aquella noche de Junio, Derrick vería como su sueño de la infancia se cumplía cuando los Chicago Bulls le seleccionaban como número 1 del Draft.

 

“Bien sabe la rosa en que mano se posa” (Anónimo)

 

Foto: NBA.com

 

Una vez en Chicago, Derrick decidió lucir el dorsal 1 para demostrar a la ciudad en la que había crecido que era el número uno. En su primera temporada en La ciudad del Viento, Rose consiguió anotar 20 o más puntos en los 45 primeros partidos de la temporada, siendo el primer rookie de los Bulls que conseguía tal hazaña desde un tal Michael Jordan. Al finalizar la temporada 2008/2009, Derrick fue galardonado con el premio “Rookie del año de la NBA” y fue incluido en el mejor quinteto de rookies con los siguientes números: 16.8 puntos, 6.3 asistencias y 3.9 rebotes por partido. La veloz adaptación de Rose a la liga y a los Bulls, les sirvió a estos para conseguir un billete a la postemporada como séptimos clasificados del Este.

El primer rival de Rose en Playoffs eran los Celtics, flamantes campeones del año anterior. Era el escenario perfecto para demostrar a la Liga que era el número 1. En su debut, logro anotar 36 puntos, repartir 11 asistencias y capturar 4 rebotes, lo que valió para lograr la victoria en la prorroga contra los Celtics. Con esos 36 puntos logró igualar a Kareem Abdul-Jabbar como rookie con más puntos anotados en su debut en playoffs. Finalmente, los Bulls cayeron derrotados ante los veteranos Celtics en 7 partidos, pero Rose había conseguido lo que siempre había soñado; ganarse el respeto de una ciudad como Chicago. Por fin los aficionados de los Bulls podían mirar a lo más alto del “United Center” y observar de nuevo con gran ilusión el número 23, pues quizá, aquel descarado joven que lucía con orgullo casi insultante el número 1,  podría ser capaz de llevarles a lo más alto, como aquel número 23 hizo hasta en seis ocasiones. Una nueva e ilusionante etapa llegaba a la Ciudad del Viento después de una larga travesía por el desierto.

“No, nada llega tarde, porque todas las cosas tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas” (Jóse Angel Buesa)

 

Foto: sportige.com

 

En su segunda temporada con los Bulls, algo llamo a la puerta de Rose. Algo que le perseguiría y atormentaría  a lo largo de su joven y prometedora carrera: las lesiones. Al comienzo de la temporada 09/10, una lesión en el tobillo provoco que Rose bajase su rendimiento en los primeros partidos de la competición, pero una vez superada dicha lesión, su nivel se elevó de manera exponencial, circunstancia que le valió para disfrutar de su primera participación en el All-Star Game y de nuevo el acceso a la postemporada.

En esta ocasión, el joven Rose y sus incansables Bulls debían hacer frente a los Cleveland Cavaliers del “Elegido” LeBron James. Aquella fue una dura serie, en la cual los partidos se decidieron por la mínima y los Cavaliers acabaron imponiéndose a los Bulls. A pesar de la derrota, los fans de Chicago se mostraban entusiasmados,  pues el nivel de Rose no dejaba de crecer y ya veían en él al hombre que definitivamente iba a llenar el gigantesco vacío dejado por Jordan.

Pocas veces el mundo del baloncesto tuvo la oportunidad de ver jugar a un base tan atlético, veloz y con un control de su cuerpo tan increíble. Derrick era capaz de cambiar de dirección con una facilidad asombrosa. A todo esto, debemos sumar su magnífico dominio de balón y su letal “crossover”, arma que le ayudaba alcanzar el aro rival casi siempre que se lo proponía. Estas cualidades le valieron para lograr unos porcentajes del 47,5% y del 48,9% en tiros de campo en sus primeras campañas. Su gran talón de aquiles siempre fueron los lanzamientos de tres. En sus dos primeras temporadas cosechó unos discretos porcentajes 26,7% y del 22,2% desde la línea exterior, pero su agresiva manera de atacar el aro rival ya había enamorado a un gran número de aficionados, tanto en Chicago como en el resto del mundo, pero la mejor versión de Rose aún no había aterrizado en la liga…

En la temporada 10/11, Rose ya era considerado por muchos una estrella de la liga, a pesar de que aquella solamente era su tercera temporada en la liga. El joven de Chicago no hizo más que reafirmarlo logrando su segundo All-Star de manera consecutiva y llevando a los Bulls a lograr un record de 62 victorias y tan solo 20 derrotas, estableciendo el mejor bagaje de victorias de aquella temporada, superando incluso al del recién formado, “big three” de los Miami Heat. A nivel individual, la temporada  de Rose no fue menos espectacular que la de su equipo, pues logro 25 puntos por partido, 7,7 asistencias y 4,1 rebotes por partido, números que le valieron para conseguir el premio de MVP. Derrick se convierta así en el MVP más joven de la historia de la NBA, contando con tan solo 22 años de edad cuando logró tal hazaña. También se unió a Michael Jordan como los únicos Bulls en lograr dicho premio.

Ya en  playoffs, los Bulls eliminarían a los Pacers en primera ronda y a los Hawks en segunda, para verse las caras nuevamente con el omnipresente James y sus Heat en las finales de conferencia. Rose y los Bulls lograron hacer frente al Rey en un espectacular primer encuentro en el que consiguieron alzarse con la victoria. Aquella victoria solo sería un espejismo, pues los Heat ganarían los cuatro siguientes encuentros, apeando a los de Chicago de su sueño de alcanzar las finales de la NBA.

 

“Es ahora el verano de su juventud: el tiempo no ha surgido de las rosas de sus mejillas, aunque el dolor siempre les ha lavado(Edward Moore)

 

 

 

Foto: zimbio.com

 

Esta nueva derrota en no mermó la ilusión de los fans de los Bulls. En Chicago, la idea de volver a conquistar el título en los años venideros, aumentó considerablemente y Rose sería el encargado de que dicho sueño se hiciese realidad, el faro que alumbraba a un barco que llevaba demasiado tiempo al a deriva y que por fin parecía encontrar puerto. Pero el destino tenía otros planes para aquel barco… Y especialmente para Rose.

 

“No quiero rosas cuando hay rosas, las quiero cuando no las pueda haber” (Fernando Pessoa)

 

La temporada 11/12 será recordada por ser la temporada del “Lockout” y también por ser en la que LeBron James se coronó como Rey de la mejor liga del mundo. Por desgracia, los aficionados de los Bulls la recordaran por un suceso trágico que cambió el rumbo de una franquicia destinada a la gloria. Aquella temporada Rose recibía una extensión de su contrato, nada menos que 94.8 millones de dólares por 5 años. Desde las oficinas de los Bulls dejaban claro que Rose era el estandarte del equipo y el hombre perfecto para recuperar la gloria perdida hacía ya demasiado tiempo. Los de la Ciudad del Viento conseguían, una vez más, el mejor balance en temporada regular con 50 victorias y 16 derrotas (tan solo se jugaban 66 partidos como consecuencia del Lockout) a pesar de que Rose se había perdido la friolera de 37 partidos por lesiones de diversa consideración. En playoffs se verían las caras contra los Philadelphia 76ers, último clasificado para la postemporada en el Este. El primer partido de la serie marchaba de maravilla para los de Illinois, con Derrick anotando 23 puntos, repartiendo 9 asistencias y atrapando 9 rebotes para sentenciar el partido a falta de 1:22 para que finalizase el encuentro. Pero entonces ocurrió la tragedia. Rose recibió la bola en la frontal y realizó una de sus explosivas penetraciones hacia el aro rival, como otras tantas veces había hecho a lo largo de su vida, pero aquella noche fue diferente. Una vez iniciado el salto, el joven base se estremeció de dolor, soltó la bola y quedo tendido en el parque del United Center de Chicago. El pabellón, enmudecido, contemplaba a su estrella tirada en el suelo agarrando su rodilla izquierda entre gemidos de dolor. Los primeros en acudir en su ayuda fueron su entrenador, Tom Thibodeau, y su amigo y compañero Joakim Noah, junto a los médicos de los Bulls.

A la mañana siguiente la ciudad de Chicago despertó con la trágica noticia: Derrick se había destrozado el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda y no volvería a jugar esa temporada ni al comienzo de la siguiente.

 

Foto: Sopitas.com

 

“Coged las rosas mientras podáis, veloz el tiempo vuela, la misma flor que hoy admiráis, mañana estará muerta”  (Walt Whitman)

 

Chicago no pudo recuperarse de semejante golpe y acabo perdiendo la eliminatoria frente a los 76ers. El explosivo juego de Derrick moriría aquella noche de Abril, pues con la rotura de aquel ligamento cruzado se esfumó la mayor parte de su increíble capacidad para penetrar el aro rival y letal control de balón que tanto le favoreció en sus primeras campañas. Tras la lesión, el único apartado en el que experimentó cierta mejora, fue su errático tiro desde la línea de tres, pero de poco sirvió para un jugador que basaba su juego en su increíble capacidad física.

 Ni Rose ni los Bulls se recuperaron jamás de aquella noche y la ciudad de Chicago observaba atónita como pasaron de soñar con el título a ver como todo un equipo ganador se hacía pedazos en cuestión de un par años. El mazazo definitivo para la ciudad de Chicago llegó cuando el 23 de junio, los Bulls traspasaron a Derrick a New York a cambio de Jerian Grant, Robin López y José Manuel Calderón. El sueño de Rose no se había venido abajo aquel día, sino aquella maldita noche de abril en la que se destrozó la rodilla. Aquella noche nos privó del que podía haber sido uno de los mejores y más explosivos jugadores de la historia. Tras una discreta temporada con los de New York, Rose pone rumbo a Cleveland donde compartirá banquillo con uno de los mejores jugadores de nuestra generación y el hombre que le privó de lograr su sueño con Chicago en más de una ocasión: LeBron James.

Cleveland puede ser el escenario perfecto para que Rose pueda reivindicarse y deje claro que aún tiene hueco en la NBA, siendo un gran jugador de equipo. Lo que parece claro, es que tanto los aficionados como el propio Rose saben que ya no volverá a ser el chico que maravilló al mundo logrando ser el MVP más joven de la historia, ¿O sí…?

 

Foto: Wallpaper Cave

 

Aquella rosa que se marchitó hace ya un tiempo en el mismo lugar que la vio crecer rompiendo el asfalto, podría seguir teniendo la fuerza suficiente para volver a vencer al destino y florecer de nuevo.

 

Por último os dejo este fantástico vídeo de “TheFutureMVP”

 

Compartir